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Ruta de los Cafés Literarios de España: Dónde se sentaban Lorca, Hemingway y Unamuno

Hubo un tiempo en el que España no se gobernaba desde los despachos, sino desde las mesas de mármol de los cafés. Eran templos de humo, ingenio y palabra, donde las tertulias literarias en Madrid y otras capitales decidían el destino de una novela, de un cuadro o incluso de un gobierno.

Por Almudena Trobat | 23 feb 2026
Ruta de los Cafés Literarios de España: Dónde se sentaban Lorca, Hemingway y Unamuno - Tintablanca

Pensar en esa época es evocar la nostalgia de lugares ya desaparecidos, como la "Sagrada Cripta" del Café de Pombo, inmortalizado por Solana, o el legendario Café de la Montaña, testigo de la trifulca en la que Valle-Inclán perdió su brazo.

Pero no todo es nostalgia. Aunque muchos de esos faros culturales apagaron sus luces, la historia sigue viva en algunos rincones privilegiados. Todavía existen cafés literarios en activo que conservan la decoración y el espíritu original, permitiendo al viajero sentarse en la misma mesa donde escribieron autores como García Lorca, Hemingway o Torrente Ballester.

En Tintablanca, creemos en recuperar la pausa. Entrar en uno de estos espacios no es solo pedir un café; es un acto de resistencia contra la prisa. Es dejar el móvil en el bolsillo, abrir un cuaderno y recuperar el placer de observar, escuchar y escribir, tal como hicieron los gigantes que ocuparon esas sillas antes que nosotros.

Los 8 guardianes de la literatura

A lo largo y ancho de nuestra geografía, ocho establecimientos resisten como bastiones de la memoria. Hemos organizado esta ruta no solo por ciudades, sino por las figuras que les dieron alma, para que elijas tu próximo destino según tu afinidad literaria.

1. El Café Gijón (Madrid) – La casa de Umbral y Valle-Inclán

Si hay un lugar que encarna la esencia de los cafés literarios de España, es el Gran Café Gijón. Fundado en 1888, sus paredes de madera oscura y sus espejos han visto pasar a prácticamente toda la literatura española del siglo XX.

  • La Figura: Aunque la lista es interminable, el Gijón es inseparable de Francisco Umbral, quien convirtió sus mesas en su redacción particular, escribiendo allí sus columnas diarias entre el ruido y la vida. También fue el refugio de un joven Valle-Inclán y de la Generación del 98.
  • El Hito: El Premio Café Gijón, que aún se celebra, mantiene viva la llama. Sentarse aquí es respirar la atmósfera del último gran café de tertulia que sobrevive intacto en el Paseo de Recoletos. Es, posiblemente, el mejor lugar de Madrid para escribir en cafeterías sintiendo el peso de la historia.

2. Café Novelty (Salamanca) – El despacho de Unamuno

En la Plaza Mayor de Salamanca, el corazón dorado de la ciudad, late el Café Novelty. Inaugurado en 1905 como la primera cafetería de lujo de la ciudad, pronto se convirtió en una institución.

  • La Figura: Miguel de Unamuno. Para el rector, el Novelty no era un bar, era su gabinete de trabajo. Allí recibía, debatía y escribía a diario. Décadas más tarde, Gonzalo Torrente Ballester tomaría el relevo; hoy, una estatua a tamaño real del escritor invita a sentarse a su lado.
  • El Hito: Sus salones no solo vieron literatura. Aquí se fundó la Unión Deportiva Salamanca y nacieron las primeras emisiones de Radio Nacional de España. Es un pilar fundamental del Café Novelty Unamuno, un binomio inseparable.

3. Els Quatre Gats (Barcelona) – La cuna de Picasso

Entrar en Els Quatre Gats es viajar directamente al París de la Belle Époque, pero con acento catalán. Situado en la calle Montsió, fue el epicentro del Modernismo.

  • La Figura: Un jovencísimo Pablo Picasso y el polifacético Santiago Rusiñol.
  • El Movimiento: Inspirado en el cabaret Le Chat Noir de París, Pere Romeu fundó este espacio para alimentar el espíritu bohemio de Barcelona.
  • El Hito: Aquí, Picasso realizó su primera exposición individual. De hecho, la carta del menú original fue diseñada por él. Sus paredes respiran arte, inconformismo y vanguardia.

4. Café Iruña (Pamplona) – El refugio de Hemingway

Pamplona es mundialmente conocida por los Sanfermines, y gran parte de esa fama se debe a un hombre y a un café. El Iruña, con su espectacular decoración de 1888, es parada obligatoria en cualquier ruta Hemingway en España.

  • La Figura: Ernest Hemingway. El Nobel norteamericano quedó prendado de este lugar, pasando horas en su terraza o en el interior durante las fiestas.
  • El Hito: El café es un escenario fundamental de su novela Fiesta (The Sun Also Rises). Hoy, una estatua de bronce de Hemingway acodado en la barra perpetúa su presencia, invitando a los viajeros a brindar con él.

5. Café Comercial (Madrid) – El rincón de Machado

Tras una necesaria restauración que le devolvió su esplendor sin robarle el alma, el Café Comercial sigue vigilando la Glorieta de Bilbao. Es uno de los cafés centenarios más queridos de la capital.

  • La Figura: Fue el refugio de Antonio Machado en sus años madrileños y, más tarde, el cuartel general de la Generación del 50, con Blas de Otero y Gloria Fuertes a la cabeza.
  • El Hito: Famoso por ser el primer café en emplear camareras en Madrid, hoy mantiene el "Rincón de don Antonio" como homenaje. Sus grandes ventanales son el mejor mirador para observar el ritmo frenético de la ciudad desde la calma.

6. Café Moderno (Pontevedra) – La tertulia galleguista

En el corazón de Pontevedra, el Café Moderno es mucho más que un local de hostelería; es un símbolo de la identidad gallega.

  • La Figura: Alfonso Daniel Rodríguez Castelao y, nuevamente, la inconfundible silueta de Valle-Inclán, que frecuentaba sus tertulias.
  • El Hito: Entre sus mesas de mármol se gestó gran parte del pensamiento galleguista y se redactó el Estatuto de Autonomía de Galicia. Sus murales y espejos originales son historia viva de la política y las letras del noroeste peninsular.


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7. Café del Rinconcillo (Sevilla) – La Generación del 27

Aunque técnicamente es una taberna (la más antigua de Sevilla, fundada en 1670), El Rinconcillo funcionó como punto de encuentro intelectual indispensable.

  • La Figura: Fue frecuentado por los miembros de la Generación del 27 durante sus visitas a la ciudad hispalense, con Lorca y Dalí disfrutando de sus tapas y su ambiente.
  • El Hito: Aquí la literatura se mezcla con la gastronomía popular. Es el lugar donde la alta cultura bajaba a la tierra para disfrutar de unas espinacas con garbanzos entre azulejos mudéjares y botas de vino.

8. Café Royalty (Cádiz) – El Romanticismo de Falla

Cádiz, la ciudad de la luz, esconde una joya del Romanticismo tardío que estuvo perdida durante décadas y fue recuperada meticulosamente: el Café Royalty.

  • La Figura: El compositor Manuel de Falla.
  • El Hito: Es el único gran café romántico histórico que se conserva en Andalucía. Con sus techos pintados por artistas de la época, sus molduras de pan de oro y su mobiliario exquisito, representa el Cádiz de las Cortes y la intelectualidad musical de principios del siglo XX.

Experiencia Tintablanca: El "Cuaderno de Café"

Visitar estos lugares como un turista apresurado, hacer una foto y marcharse, es perderse la mitad de la experiencia. Estos cafés fueron diseñados para la introspección, para la conversación pausada y para la creación. Por eso, nuestra propuesta es diferente.

Te invitamos a recuperar el ritual. La próxima vez que cruces las puertas giratorias del Gijón o te sientes bajo los techos del Royalty, lleva contigo un cuaderno de escritura Tintablanca. Pide un café solo, silencia el teléfono y dedica media hora a hacer lo que ellos hacían: observar.

Dibuja un boceto de la lámpara de araña, describe el sonido de las cucharillas contra la porcelana, o simplemente anota los fragmentos de conversaciones ajenas que flotan en el aire. Ramón Gómez de la Serna decía que las greguerías nacían del ambiente de los cafés. Quizás tu próxima gran idea te esté esperando en una de estas mesas, solo necesitas el soporte adecuado —un papel de calidad que respete tu tinta— para atraparla.

Cuaderno de Escritura de Tintablanca

Conclusión: Faros de resistencia

En un mundo dominado por las franquicias idénticas y el café para llevar en vasos de cartón, los cafés literarios de España son faros de resistencia. Nos recuerdan que la cultura necesita un espacio físico para florecer, un lugar donde el tiempo se detenga y las ideas fluyan.

Recorrer esta ruta es mucho más que turismo gastronómico; es un peregrinaje intelectual. Es sentarse a dialogar con los fantasmas amables de nuestra literatura.

¿Sientes la llamada de la tinta y el café? Sigue la ruta de los grandes maestros. Elige tu próximo destino literario con nuestros libros de Ciudades de Patrimonio y vive la historia en primera persona, cuaderno en mano, escribiendo tu propio capítulo en estos templos de la palabra.

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