Hubo un tiempo en el que España no se gobernaba desde los despachos, sino desde las mesas de mármol de los cafés. Eran templos de humo, ingenio y palabra, donde las tertulias literarias en Madrid y otras capitales decidían el destino de una novela, de un cuadro o incluso de un gobierno.
Pensar en esa época es evocar la nostalgia de lugares ya desaparecidos, como la "Sagrada Cripta" del Café de Pombo, inmortalizado por Solana, o el legendario Café de la Montaña, testigo de la trifulca en la que Valle-Inclán perdió su brazo.
Pero no todo es nostalgia. Aunque muchos de esos faros culturales apagaron sus luces, la historia sigue viva en algunos rincones privilegiados. Todavía existen cafés literarios en activo que conservan la decoración y el espíritu original, permitiendo al viajero sentarse en la misma mesa donde escribieron autores como García Lorca, Hemingway o Torrente Ballester.
En Tintablanca, creemos en recuperar la pausa. Entrar en uno de estos espacios no es solo pedir un café; es un acto de resistencia contra la prisa. Es dejar el móvil en el bolsillo, abrir un cuaderno y recuperar el placer de observar, escuchar y escribir, tal como hicieron los gigantes que ocuparon esas sillas antes que nosotros.
A lo largo y ancho de nuestra geografía, ocho establecimientos resisten como bastiones de la memoria. Hemos organizado esta ruta no solo por ciudades, sino por las figuras que les dieron alma, para que elijas tu próximo destino según tu afinidad literaria.
Si hay un lugar que encarna la esencia de los cafés literarios de España, es el Gran Café Gijón. Fundado en 1888, sus paredes de madera oscura y sus espejos han visto pasar a prácticamente toda la literatura española del siglo XX.
En la Plaza Mayor de Salamanca, el corazón dorado de la ciudad, late el Café Novelty. Inaugurado en 1905 como la primera cafetería de lujo de la ciudad, pronto se convirtió en una institución.
Entrar en Els Quatre Gats es viajar directamente al París de la Belle Époque, pero con acento catalán. Situado en la calle Montsió, fue el epicentro del Modernismo.
Pamplona es mundialmente conocida por los Sanfermines, y gran parte de esa fama se debe a un hombre y a un café. El Iruña, con su espectacular decoración de 1888, es parada obligatoria en cualquier ruta Hemingway en España.
Tras una necesaria restauración que le devolvió su esplendor sin robarle el alma, el Café Comercial sigue vigilando la Glorieta de Bilbao. Es uno de los cafés centenarios más queridos de la capital.
En el corazón de Pontevedra, el Café Moderno es mucho más que un local de hostelería; es un símbolo de la identidad gallega.

Libros de Tintablanca
Aunque técnicamente es una taberna (la más antigua de Sevilla, fundada en 1670), El Rinconcillo funcionó como punto de encuentro intelectual indispensable.
Cádiz, la ciudad de la luz, esconde una joya del Romanticismo tardío que estuvo perdida durante décadas y fue recuperada meticulosamente: el Café Royalty.
Visitar estos lugares como un turista apresurado, hacer una foto y marcharse, es perderse la mitad de la experiencia. Estos cafés fueron diseñados para la introspección, para la conversación pausada y para la creación. Por eso, nuestra propuesta es diferente.
Te invitamos a recuperar el ritual. La próxima vez que cruces las puertas giratorias del Gijón o te sientes bajo los techos del Royalty, lleva contigo un cuaderno de escritura Tintablanca. Pide un café solo, silencia el teléfono y dedica media hora a hacer lo que ellos hacían: observar.
Dibuja un boceto de la lámpara de araña, describe el sonido de las cucharillas contra la porcelana, o simplemente anota los fragmentos de conversaciones ajenas que flotan en el aire. Ramón Gómez de la Serna decía que las greguerías nacían del ambiente de los cafés. Quizás tu próxima gran idea te esté esperando en una de estas mesas, solo necesitas el soporte adecuado —un papel de calidad que respete tu tinta— para atraparla.

Cuaderno de Escritura de Tintablanca
En un mundo dominado por las franquicias idénticas y el café para llevar en vasos de cartón, los cafés literarios de España son faros de resistencia. Nos recuerdan que la cultura necesita un espacio físico para florecer, un lugar donde el tiempo se detenga y las ideas fluyan.
Recorrer esta ruta es mucho más que turismo gastronómico; es un peregrinaje intelectual. Es sentarse a dialogar con los fantasmas amables de nuestra literatura.
¿Sientes la llamada de la tinta y el café? Sigue la ruta de los grandes maestros. Elige tu próximo destino literario con nuestros libros de Ciudades de Patrimonio y vive la historia en primera persona, cuaderno en mano, escribiendo tu propio capítulo en estos templos de la palabra.