Pasear por una ciudad y sentir la urgencia de atrapar el momento. Cuando una foto no es suficiente, el urban sketching aparece como la solución. Más que una técnica de dibujo, es una invitación a conectar con el entorno de una manera única, capturando la arquitectura, la gente y la esencia del lugar en tiempo real. No se trata de «dibujar bien», sino de «mirar con atención».
Imagínate paseando una ciudad que llevabas años deseando visitar. Imagina que caminas por las calles, las plazas, los parques que ya forman parte de tu memoria porque mucho antes las habías recorrido a través de la lectura de tus libros favoritos. Es entonces cuando te asalta la urgencia de atrapar el momento y sabes que una foto no sirve. Sacas de tu mochila tu cuaderno de viaje preferido y comienzas a dibujar aquello que llama tu atención. Esa es la verdadera esencia del urban sketching. No se trata de «dibujar bien», sino de «mirar con atención». El urban sketching es una invitación a conectar con el entorno de una manera única y personal.
El urban sketching es la práctica artística de dibujar in situ (en el lugar), capturando la arquitectura, la gente y la esencia del entorno en tiempo real, utilizando técnicas rápidas como la tinta y la acuarela. Es un modo de mirar el mundo, de pretender atraparlo que encaja a la perfección con la filosofía de Tintablanca. Es hora de viajar bajo una mirada artística, pausada, transformadora, capaz de hacer de cada destino una experiencia memorable.
El fenómeno urban sketching es relativamente moderno: no así la práctica de documentar el mundo en cuadernos de viaje. Ya en el siglo XIX, durante el Grand Tour, los artistas y aristócratas románticos como Delacroix llenaban sus cuadernos con dibujos de las ruinas romanas y los paisajes exóticos que descubrían. Era su forma de capturar la esencia de un lugar, mucho antes de la invención de la fotografía.
El movimiento contemporáneo, sin embargo, nació oficialmente en 2007 cuando el periodista y artista Gabriel Campanario fundó el grupo Urban Sketchers. Su primera idea era bien simple: crear una comunidad universal de dibujantes que compartieran parecidas visiones del mundo. Para ello, estableció un manifiesto con unas pocas reglas que definen la práctica y que ayudan a entender qué es urban sketching:
Estos axiomas, esta filosofía, este plan director demuestra hasta qué punto el urban sketching es más que una técnica. Sus practicantes, cada día más, lo tienen claro: es una forma de ser un testigo (privilegiado) del mundo.

Una de las grandes ventajas del sketching para principiantes es que no necesitas un estudio lleno de materiales caros. Un kit básico cabe en cualquier mochila. Aquí te contamos lo indispensable.
Has de proveerte de un buen papel. Es el elemento más importante. Si solo vas a usar tinta, cualquier cuaderno puede servir. Pero si quieres añadir color con acuarela, necesitarás un papel con un gramaje adecuado (a partir de 180 g/m²) para que no combe con el agua. Los mejores cuadernos para acuarela son aquellos que permiten trabajar con confianza.
Para dibujar los contornos, tienes varias opciones. Existen en las buenas papelerías rotuladores calibrados muy populares que ofrecen un grosor de línea constante. Si te inclinas por los waterproof (resistentes al agua) podrás aplicar acuarela encima sin que la tinta se disperse. Otra opción clásica es la pluma estilográfica, el trazo más personal y expresivo.
Las acuarelas en pastilla (o godets) son perfectas para viajar. Son compactas, ligeras y fáciles de activar con un poco de agua. Basta un pincel con un pequeño depósito de agua: evita tener que llevar un recipiente aparte. Con estos materiales básicos de dibujo urbano lo tendrás todo para salir a la calle y comenzar a «mirar».
El miedo a la página en blanco es real, pero superarlo es más fácil de lo que parece. La clave del urban sketching no es la perfección, sino la observación.
Primer consejo de aquellos que ya son expertos en esta disciplina artística: no trates de dibujar todo el edificio, toda la calle, toda la plaza de una vez. Empieza por un detalle que te llame la atención. Pon tus ojos en una ventana con macetas, en una farola de diseño antiguo, en la taza de café humeante que tienes a tu lado, en las baldosas donde pisas y caminas... Al concentrarte en pequeños fragmentos, entrenas tu ojo para ver la belleza de lo cotidiano. De ese modo, ante encuadres en apariencia intrascendentes, ganas la confianza que necesitas para abordar escenas más complejas.
La imperfección es bella. El estilo «heterodoxo» que valora Tintablanca celebra el trazo personal por encima de la exactitud fotográfica. Tu dibujo no tiene que ser una copia de la realidad, sino tu interpretación de ella. Un trazo tembloroso, una perspectiva imperfecta, una mancha de color inesperada son parte de la narrativa personal que te expresa y caracteriza.
Observar el trabajo de otros artistas es una fuente inagotable de inspiración. Te ayuda a descubrir nuevas técnicas y a encontrar tu propia voz.
Un gran ejemplo es Miki Leal, uno de los ilustradores que ha colaborado con Tintablanca. Leal es uno de los artistas más reconocidos y cotizados de la pintura española contemporánea. Su estilo es un magnífico ejemplo de libertad creativa: mezcla libérrima figuración con abstracciones, paisajes imposibles y referencias culturales extraídas de la modernidad. Crea obras llenas de color, ironía y frescura. Su trabajo nos enseña que el dibujo de viaje puede ser vibrante, libre y muy personal; que es posible alejarse de la representación literal.
Para encontrar inspiración, te animamos a ojear libros como los dedicados a Barcelona o Jerez. El primero está ilustrado por la artista Lara Costafreda; el segundo, por el citado Miki Leal. En ambos descubrirás cómo grandes creadores interpretan la ciudad y capturan su atmósfera única. Después, intenta hacer lo mismo en las páginas en blanco de tus propios cuadernos, aplicando lo que has aprendido.
El urban sketching es más que un pasatiempo: es una filosofía. Te obliga a aminorar la velocidad, a observar con detenimiento, a conectar con los lugares de una forma que la fotografía rápida rara vez permite. Los dibujos se convierten en un diario visual, un recuerdo mucho más personal y profundo que una imagen digital.
Tu viaje no termina cuando vuelves a casa, sino cuando cierras el cuaderno. Cada página contiene no solo una imagen, sino el recuerdo del sol en tu cara, el sonido de la calle y la emoción de cada instante.