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Roma

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Roma encierra la historia de Occidente. Si hay una ciudad a la que debemos casi todo lo que hoy somos esa es, sin duda alguna, la capital de Italia. La escritora y periodista Mercedes Cebrián y el ilustrador Miguel Herranz la han recorrido y estudiado, la han vivido y disfrutado, y tras largas estancias en ella han escrito y dibujado una Tintablanca que sintetiza la historia, el patrimonio, el arte, la cultura, los personajes y el hechizo de una Ciudad Eterna que sigue sorprendiéndonos y extasiándonos por muchas veces que la recorramos.

SKU: 978-84-949894-5-2 Categoría:

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Título

Roma

Autores

Mercedes Cebrián (textos) y Miguel Herranz (ilustraciones)

Número de páginas

240, incluido un cuaderno de viaje de 46 páginas y un cuaderno de dibujo con un papel especial blanco de alto gramaje de 16 páginas.

Medidas

205 x 130 mm.

ISBN

978-84-949894-5-2

Roma, una vida para una Ciudad Eterna
La escritora Mercedes Cebrián y el ilustrador Miguel Herranz escriben y dibujan la capital de Italia, epicentro de la historia de Occidente.
Roma encierra la historia de Occidente. Si hay una ciudad a la que debemos casi todo lo que hoy somos esa es, sin duda alguna, la capital de Italia. La escritora y periodista Mercedes Cebrián y el ilustrador Miguel Herranz la han recorrido y estudiado, la han vivido y disfrutado, y tras largas estancias en ella han escrito y dibujado una Tintablanca que sintetiza la historia, el patrimonio, el arte, la cultura, los personajes y el hechizo de una Ciudad Eterna que sigue sorprendiéndonos y extasiándonos por muchas veces que la recorramos. La Tintablanca de Roma pasea los parques arqueológicos de la ciudad republicana e imperial y lo hace al lado de los personajes y las circunstancias que le dieron vida. Roma es una ciudad espiritual, trono de papas y destino de artistas de recuerdo imborrable. Sus museos son un alegato continuo a la belleza y en sus galerías están apresadas las páginas más vibrantes de la historia del arte de todos los tiempos. Los autores dedican palabras e imágenes a las academias, a los viajeros, a los mecenas que la promovieron y la patrocinaron, a los más populares personajes, a sus escritores, músicos y cineastas. Y junto a ellos, en la ciudad viva, en sus calles y plazas están las gentes que conforman la Roma popular, su día a día, su deliciosa cotidianeidad de la que nos sentimos próximos y reflejados. Hay un largo capítulo dedicado a su gastronomía y a los hitos arquitectónicos de la Roma moderna que contrastan con las viejas piedras que edificaron su imperecedero mito. Y muy cerca de nosotros, con solo cerrar los ojos, imaginamos a Audrey Hepburn introducido su mano en la Boccà della Verita.
Fragmentos de la introducción de la tintablanca de Roma
«No es posible cansarse de Roma: a pesar de sus atascos, de su deficiente transporte público, de su calor húmedo en verano y de las hordas de visitantes que por ella caminan a diario, deseamos eternamente volver a verla, soñamos con extasiarnos de nuevo ante los hitos de la historia del arte que nos salen al paso a cada instante al caminar por la antigua Caput mundi.»
«No es posible cansarse de Roma: a pesar de sus atascos, de su deficiente transporte público, de su calor húmedo en verano y de las hordas de visitantes que por ella caminan a diario, deseamos eternamente volver a verla, soñamos con extasiarnos de nuevo ante los hitos de la historia del arte que nos salen al paso a cada instante al caminar por la antigua Caput mundi.»
«Roma no cesa de generar imágenes: incluso en tiempos tan cibernéticos como estos, sus tiendas de recuerdos y sus quioscos rebosan de postales y carteles. En ellos, la capital de Italia aparece resumida a través de sus grandes hitos turísticos: algunas de sus fuentes más grandiosas, vistas aéreas de su famoso Coliseo y de la plaza de San Pedro o una callejuela de casas color ocre con ropa tendida en sus balcones. A través de sus imágenes de ficción, tan poderosas como las reales, aparece Audrey Hepburn introduciendo su inocente mano en la Boca della Verità o el actor Totó agarrando a puñados los espaguetis en la película Miseria y nobleza.»