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Londres

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Londres es fascinante, única y diferente a todas. No existe una ciudad que lleve tan bien sus encantadoras contradicciones. En ella conviven el más estricto clasicismo y protocolo junto a la modernidad más rabiosa y radical. Tintablanca dedica uno de sus icónicos libros a la capital de Inglaterra. Los textos son obra de la periodista Raquel Peláez, que ha vivido largas temporadas en aquella ciudad, y las ilustraciones han sido realizadas por la reconocida artista Inma Serrano.

SKU: 978-84-949894-6-9 Categoría:

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Título

Londres

Autores

Raquel Peláez (textos) e Inma Serrano (ilustraciones)

Número de páginas

240, incluido un cuaderno de viaje de 46 páginas y un cuaderno de dibujo con un papel especial blanco de alto gramaje de 16 páginas.

Medidas

205 x 130 mm.

ISBN

978-84-949894-6-9

Londres, puntualidad y revolución
Tintablanca dedica uno de sus icónicos libros a la capital británica, cuna del protocolo, la puntualidad, la agitación y la modernidad.
Londres es fascinante, única y diferente a todas. No existe una ciudad que lleve tan bien sus encantadoras contradicciones. En ella conviven el más estricto clasicismo y protocolo junto a la modernidad más rabiosa y radical. Tintablanca dedica uno de sus icónicos libros a la capital de Inglaterra. Lo textos son obra de la periodista y escritora Raquel Peláez, que ha vivido largas temporadas en aquella ciudad, y las ilustraciones han sido realizadas por la conocida artista Inma Serrano. Los diez capítulos del libro recorren la capital británica desde distintos prismas. De la presencia constante de Lady Di como uno de los personajes más queridos y añorados en la ciudad hasta los artistas más modernos, revolucionarios y contestatarios del Londres de hoy día. Raquel Peláez entremezcla vida y paisaje, historia y crónica, paseos y personajes en una Tintablanca que llega a las librerías de toda España a últimos del mes de octubre de 2019, junto a Roma y Berlín. Al lado de los diez relatos, las ilustraciones de Inma Serrano tienen una enorme carga plástica, una fuerza que subraya la vida londinense, la ciudad agitada y en constante movimiento, la heredera de los sonetos de Shakespeare, del sueño imperial de la reina Victoria, de la revolución industrial, de sus hallazgos e inventos, de su resistencia durante los bombardeos nazis en la Segunda guerra mundial y del nuevo Londres que renace de aquellos escollos. Al amparo del río Támesis, de sus puentes y monumentos más conocidos, de sus plazas, parques y avenidas, Londres se desdobla en cientos de acentos. En esta ciudad nadie es forastero. Aquí se inventó el pop, se lee a Virginia Woolf, se escucha a Amy Winehouse y a los Rolling, se ensalza a las figuras históricas que descansan en sus cementerios convertidos en vergeles y se pasea sin descanso por calles y avenidas que reconocemos propias.
Fragmentos de la introducción de la tintablanca de Londres
«Londres contiene la historia de Europa y la de toda la humanidad. Los romanos la llamaron Londinium. Oteó el Medioevo desde su famosa Torre. A finales del siglo XVI, Shakespeare llegó a ella con un puñado de sonetos de amor. Mediado el XIX, bajo el sueño imperial, Victoria y Alberto organizaron la exposición universal que enseñó al mundo los avances de la Revolución Industrial y la seguridad de que ya no quedaban fronteras por descubrir. Un siglo después, durante la Segunda guerra mundial las bombas la destruyeron por fuera, pero no pudieron minarla por dentro. Sobre esa fortaleza interior se sostiene su orgullo y sobre las cenizas de su sueño de universalidad se siguen librando batallas.»
«Londres está llena de encantadoras contradicciones. La rectitud, el protocolo, la puntualidad, contrastan con el riesgo y la radicalidad. No hay, como mínimo en Europa, lugar donde convivan con tal armonía el acento royal y los alaridos del punk.»
«Hay un Londres cargado de sentido común que parece irreconciliable con esa otra ciudad donde los movimientos artísticos e intelectuales han provocado auténticos terremotos durante décadas. Pero lo que esos profetas del ingenio tratan de decirnos es que Londres, además de fijar el precio mundial de las materias primas, sigue siendo el muelle al que llegan los más deslumbrantes hallazgos.»