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Berlín

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Berlín es una ciudad excéntrica, cruce de caminos, plural, moderna y contestataria. No es una capital fácil. Hay que visitarla muchas veces, vivirla mucho, hasta entenderla. La escritora Marta del Riego y el ilustrador Jorge Arranz, que la han disfrutado y recorrido sin descanso, aseguran que a Berlín “se la ha querido poco”. Es posible que la capital de Alemania no tenga el aura romántica de París, la sólida tradición de Londres o el poderío de Nueva York. Es una ciudad de belleza áspera, misteriosa. Pero fascinante. La modernidad, lo crean o no, se inventó aquí. Hay algo, además, que la hace única: En esta ciudad nadie es forastero.

SKU: 978-84-949894-7-6 Categoría:

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Título

Berlín

Autores

Marta del Riego (textos) y Jorge Arranz (ilustraciones)

Número de páginas

240, incluido un cuaderno de viaje de 46 páginas y un cuaderno de dibujo con un papel especial blanco de alto gramaje de 16 páginas.

Medidas

205 x 130 mm.

ISBN

978-84-949894-7-6

Berlín, viaje a la capital de la heterodoxia
La escritora Marta del Riego y el ilustrador Jorge Arranz convierten la capital alemana en un foco de cultura y modernidad donde nadie es ajeno.
Berlín no es solo la capital de Alemania. Es desde hace décadas la capital de la modernidad europea. No es una ciudad fácil. No tiene los explícitos encantos de los que sí disfrutan París, Londres o Nueva York. Pero hay algo de lo que carecen otras grandes metrópolis internacionales: En Berlín nadie es extranjero. De hecho, al poco de llegar aquí el viajero puede sentirse un berlinés más. Así lo asegura la escritora y periodista Marta del Riego, la autora de la Tintablanca dedicada a la capital alemana. En esta nueva aventura editorial la acompaña uno de los más reconocidos ilustradores españoles, Jorge Arranz, autor de numerosos libros, exposiciones y cartelería. Para ambos Berlín es una ciudad única y diferente. Su historia no ha sido fácil y la existencia de un Muro que dividía la ciudad en dos fue el último escalón de un trauma hoy por suerte superado. La ciudad que ha reinventado mil veces su rostro viró hacia la cultura y la modernidad, y desde hace décadas es sede de las galerías de arte más famosas del planeta. Berlín es una ciudad extensa, rodeada de parques y lagos. Sigue habiendo un Berlín Este y un Berlín Oeste, pero lejos de recelar entre ellos, ambos ofrecen una singular personalidad que los complementa. Por la Tintablanca de Berlín pasean los grandes escritores, pintores y músicos de la capital, los visitantes que la pregonaron y los monumentos y museos que siguen enalteciéndola. Junto a los textos literarios y las ilustraciones del libro, Tintablanca ofrece un cuaderno de viaje que es una incitación para escribir y dibujar nuestra propia escapada.
Fragmentos de la introducción de la tintablanca de Berlín
«A Berlín se le ha cantado poco, no se la ha querido lo suficiente. “No resulta fácil mirar y habitar una ciudad que está constantemente en proceso de cambio, siempre a punto de convertirse en otra”, dice de ella uno de sus amantes más intensos, el escritor alemán Franz Hessel. Berlín no tiene el aura romántica de París, la sólida tradición de Londres o el poderío de Nueva York. Es una ciudad de belleza áspera, misteriosa. Si hay algo que la defina es ese misterio. No se comprende a primera vista. Necesita que el viajero vuelva una y otra vez, necesita ser investigada.»
«Hay un Berlín oficial, que se visita con asombro, ¡Oh! Un Berlín grandioso: la Puerta de Brandeburgo, el Reichstag, la avenida Unter den Linden. Un Berlín oscuro, que se descubre con horror: el Monumento al Holocausto, el Museo Judío, las mazmorras de las SS. Un Berlín Oriental, que a los occidentales nos provoca gran curiosidad: los restos del Muro o la inmensidad de Alexanderplatz. Un Berlín cotidiano: las calles salpicadas de árboles, las viviendas decimonónicas con sus infinitos patios, los Biergarten junto a los canales. Y un Berlín increíblemente hermoso: todos esos bosques, prados y lagos que lo rodean.»
«Y después está el feísmo, un rasgo singular de Berlín. Muros cubiertos de grafitis. Ruinas. Solares vacíos de edificios bombardeados en la Segunda guerra mundial. Viviendas de hormigón de los años 70 levantadas con frenesí proletario por el gobierno de la RDA. Y los Kneipes, los bares de la esquina, con su decoración kitsch. Y los puentes del metro que se elevan entre las casas. Y los asientos tapizados de colores chirriantes de sus vagones. El feísmo es parte intrínseca de la ciudad.»